La raíz de un fracaso

04/Abr/2014

La República, Egon Friedler

La raíz de un fracaso

La República
OPINIÓN
Egon Friedler
¿Por qué fracasó la “Primavera árabe”? Se ha escrito mucho sobre el tema y hay diferentes tesis al respecto, pero sin duda uno de los análisis más profundos e interesantes ha sido el del filósofo egipcio Mourad Wahba.
Mientras otros analistas se ocupan de las causas circunstanciales e inmediatas, Wahba va a las raíces históricas y culturales del problema. Para él, el mundo árabe no ha podido alcanzar la democracia porque es incapaz de cumplir con cuatro prerrequisitos esenciales. 1) Secularismo. Sin una actitud neutral hacia la religión no es posible instaurar una verdadera democracia. Lamentablemente Egipto está tan lejos de esa neutralidad y el Islam tiene tanta influencia en la sociedad, que el secularismo no es comprendido como la forma de vida normal en el mundo democrático sino que es visto como un “crimen”. 2) Tolerancia. La interferencia de las autoridades religiosas en distintos aspectos de la vida impide el funcionamiento de una sociedad auténticamente libre. 3) Apertura mental a distintas formas de pensar y aceptación del racionalismo. 4) Liberalismo y aceptación plena de los derechos individuales.
Wahba es un admirador del filósofo del siglo XII Ibn Rushd, conocido por su nombre latinizado Averroes, y es el fundador de la Asociación Internacional Averroes por el Iluminismo con la cual organizó conferencias profesionales en El Cairo y en Nueva York en los años noventa. Los escritos de Averroes, que fueron traducidos a lenguas europeas por filósofos occidentales, enfatizaron la superioridad de la razón sobre la fe y contribuyeron a sacar a Europa de su época oscura.
El profesor Wahba considera que ese ilustre pensador musulmán de la España mora podría servir de puente entre el mundo islámico y Occidente. En contraste con su admiración por Averroes, el profesor Wahba desprecia al teólogo del siglo XIII Ibn Taymiyyah, quien rechazaba la razón como método de interpretación de textos sagrados y era partidario del literalismo. Wahba sostuvo una vez en un reportaje para la televisión egipcia que la Hermandad Musulmana en el siglo XX se basó en Ibn Taymiyyah. “Ellos nos hicieron volver al siglo XIII por lo que nuestra sociedad desarrolló anticuerpos contra el siglo XXI. Esa es la causa de nuestra profunda crisis”.
El filósofo egipcio no acepta la opinión generalizada de que las revoluciones son producidas por las masas. A su juicio las locomotoras de las revoluciones son las elites intelectuales, a las que suele referirse como “los filósofos”. Él señala que los filósofos fueron los que inspiraron las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa mientras la revolución egipcia se caracterizó por su ausencia.
El fracaso de los intelectuales egipcios de generar un cambio de mentalidad fue evidente en la redacción de la nueva Constitución, que fue aprobada en un referéndum en enero de 2014. El documento aprobado representa un intento de compromiso con las fuerzas del Islam político. Pese a su reducida representación en el Comité de redacción, los islamistas estuvieron muy presentes en sus ideas y su influencia sobre el comité secular fue evidente. El comité de 50 activistas, políticos y académicos encargado de redactar la nueva Constitución fue llamado por la prensa como “Comité Secular” porque incluyó a algunos salafistas y no tuvo representantes de los “Hermanos Musulmanes” ya que la mayoría de sus líderes ya estaban en la cárcel.
Sin embargo, para Wahba, esta nueva Constitución no era diferente a la anterior redactada durante el gobierno de la Hermandad Musulmana. La claudicación principal fue mantener el artículo 2 que señala que el Islam es la religión del Estado y que los principios de la Sharia son la principal fuente de legislación.
Considerando que la causa liberal ha sido “traicionada” por la elite intelectual, ¿debe ser confiada aunque sea temporalmente a los militares? Wahba contesta afirmativamente a esta comprometida pregunta. Para él, solo los militares son capaces de salvar a Egipto de la Hermandad Musulmana y los salafistas.
Desde su punto de vista, la democracia formal no es lo que realmente importa, ya que las elecciones son muy poco importantes en una sociedad no democrática. Él es particularmente crítico con los Estados Unidos por su insistencia en mantener la democracia formal a toda costa: “Ellos nos dicen que quieren la democracia en Egipto mañana por la mañana. Esto es ignorancia. Esta gente no comprende nada”.
El filósofo egipcio señala que en el terremoto de la Primavera árabe hubo muchas líneas de fractura. Mientras en algunos países las divisiones tuvieron un carácter sectario o tribal, en Egipto y en Túnez el aspecto conflictivo estuvo centrado en las relaciones entre la religión y el Estado.
Mourad Wahba, a diferencia de algunos de sus colegas más pesimistas, no está dispuesto a esperar durante siglos a que finalmente pueda imponerse la democracia. Él tiene la esperanza de que el actual curso seguido por el poder militar en Egipto lleve finalmente a cumplir con las esperanzas de millones de egipcios que se manifestaron por una sociedad más libre y abierta. Lamentablemente, las últimas noticias procedentes de El Cairo no parecen confirmar su hipótesis.
El presente artículo se basa en un trabajo académico de Yoram Feldner, vicepresidente operativo de Middle East Media Research Institute (Memri) o Instituto de Investigación de la Prensa del Medio Oriente.